Vino viejo en odres nuevos

Artículo de la categoría Opinión
OCT
26
2010

El otro día me llegó un tweet que se titulaba “Democracia marchita” y hacía referencia a un artículo de “La Vanguardia” que reflexiona sobre los resultados de un estudio elaborado por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) sobre la preferencia de la ciudadanía por la democracia o la dictadura. La indiferencia sobre el sistema de gobierno cada vez es mayor en nuestro país, sobre todo en Cataluña (1 de cada 4 encuestados). Incluso, en función de la comunidad estudiada, crece la simpatía por la dictadura. Creo que no se trata tanto de que “con Franco se vivía mejor”, sino de que cada vez los ciudadanos estamos más descontentos con la manera en que funcionan las cosas. Y es triste ver que la humanidad haya hecho el recorrido que ha hecho para llegar a un descontento tan generalizado. Creo que estos son aspectos importantes que contribuyen a la desidia #Política y social:

La partidocracia

Los partidos políticos monopolizan la forma de organizar la #Sociedad. Tal y como su nombre indica, obligan a la ciudadanía a tomar partido, no por causas separadas, sino generales. ¿No sería posible una política de ideas, de opiniones, donde se pudiera debatir la solución a nuestros problemas como civilización de forma flexible y no sometida a dogmas de fe por sumisión a un partido político?

Además, muchos países tienen un sistema político bipartidista. De hecho muchas democracias, ante unas elecciones hacen una segunda vuelta (cuando falta una mayoría absoluta) donde sólo participan los dos partidos más votados, como si fuese una especie de final. Y casi siempre son los mismos, uno que busca concentrar el voto de derechas y otro el de las izquierdas. Las minorías, pocas veces tienen algo que hacer en los gobiernos. ¿Hacen falta gobiernos de mayoría absoluta? ¿No sería más interesante, aunque complejo de gestionar, gobiernos más plurales? La política no debería ser una cuestión de posición, a la derecha o a la izquierda. Ser de centro tampoco es una solución, porque también se refiere a estar en un sitio.

Las clases gobernantes y su cohorte

No hay confianza en que los políticos, herederos de los jefes tribales, los faraones, los emperadores, los reyes y los nobles en general, puedan solucionar las cosas. Y una crisis económica tan fuerte como ésta sólo ayuda a poner sobre la mesa sus debilidades como gestores de nuestros intereses. En cambio, para acabar de redondear el currículum, son propensos a la corrupción, a interferir en el poder de la justicia (aunque se supone su independencia), a la mentira, el favoritismo, el despilfarro, la negligencia , etc, etc, etc. Eh, que no podemos generalizar … todos, todos, … hombre, ¡no todos!. De acuerdo, correcto. ¡Pero es que a veces parece que sea necesario ser mala persona para ser político!

Pero no sólo abusan las clases dominantes. Tiene la misma consideración de pecado si un trabajador de un servicio cara al público (sea funcionario o no) tarda más de la cuenta al volver del desayuno, o va demasiadas veces al baño o directamente se pone a hablar de cualquier tema insustancial con su compañero en lugar de atender al ciudadano que tiene delante. Tiene un poder y lo ejerce con desconsideración hacia los que dependen de su atención. Abundan los servicios de des-atención al cliente (en el sector privado, por supuesto), con la mentira como emblema, y ??donde se buscan soluciones pocas veces, y casi siempre que el cliente no moleste. ¿Y sobre los asuntos públicos? ¿Cómo es posible que los servicios más básicos que en principio no deberían sufrir miserias, como la salud o la educación, ya que los subvencionan millones de ciudadanos con sus impuestos, resulten al final de peor calidad que los privados?

La injusta justicia

No puede ser que haya ladrones detenidos que acumulen más de 100 denuncias y al día siguiente estén otra vez en la calle. No puede ser que mueran mujeres en manos de sus ex parejas cuando tenían una orden de alejamiento. No puede ser que los jóvenes estén cargados de derechos y carentes de obligaciones. No puede ser que pagues un canon digital a modo de multa preventiva, como si estuviésemos en la película Minority Report. No puede ser que cometas un delito y, si tienes dinero, no pases nunca por prisión y si no lo tienes te pudras allí dentro. No puede ser que entren en tu casa y no te puedas defender. No puede ser que haya sacerdotes que hayan violado a niños y no sean ni siquiera ex-comulgados. ¿Continuo?

Las contradicciones

O también lo podemos llamar “crisis de valores”. Pero es que, a ver … A los niños les decimos en el parque que deben compartir sus juguetes (sus objetos más valiosos) con otros niños, aunque no los conozcan de nada. ¿Acaso ofrecemos nuestro móvil, nuestra casa o nuestro coche (nuestros objetos más valiosos) a cualquiera? Los jóvenes tienen un altavoz pegado constantemente a la oreja que les dice que tienen que estudiar para ser alguien en el futuro. ¿Cuántas personas con estudios hay en el paro? ¿Y antes de la crisis, quien cobraba más, un albañil o un licenciado en derecho, por ejemplo? Ahora ninguno de los dos. En las escuelas se enseña a los niños a no tirar cosas al suelo, a no cruzar con el semáforo en rojo, que fumar es malo, a solucionar las cosas a través del diálogo … ¿tenemos todo esto claro los adultos? ¿Y como esperamos que se respeten a las personas mayores si los aparcamos sin necesidad en geriátricos de media estrella a la espera de que se mueran pronto? No somos religiosos y no admitimos el culto de otras personas. Y al revés, vivimos en un país laico y se permite la construcción de centros religiosos con fondos públicos. No es de extrañar que cada vez tengamos menos valores si nuestra sociedad está llena de contradicciones. Y esto lleva a la agresividad con la que vivimos. Quizá la reacción violenta de alguien lleva encubierta una llamada de auxilio.

Medios de comunicación y de entretenimiento

La desinformación, intencionada o simplemente de parte de necios con necesidad de un minuto de gloria, es demasiado frecuente. La televisión, en lugar de educar (que siempre lo hace aunque no lo quieras) enseña los peores valores posibles: como robar, como pelearte con una persona y no resolver nunca el conflicto, diferentes formas de insultar, .. .. Los programas y la prensa del corazón, del deporte, en especial el fútbol, ¡??la política incluso!, son el nuevo opio del pueblo. Tener a las masas drogadas las hace inofensivas.

¿Soluciones?

Todo ello acaba con la moral de los ciudadanos, y ante la exposición de estos problemas, graves, normalmente encuentras la misma respuesta: “sí, pero es que no podemos hacer nada”. Pues quizás sí.

  • Al menos podríamos empezar por mejorar la actitud. Cuando todo esto ocurre, son tus intereses los que están en juego.
  • Quéjate. De la manera que sea, aunque veas que no servirá de nada, y haz así sudar un poco a quien no le da la gana de hacer su trabajo o cambiar de actitud.
  • ¿Solo no te atreves? Pide ayuda, seguro que muchas más personas piensan como tú. Tienes la posibilidad de llegar a miles de compañeros en las redes sociales digitales. Deja de jugar en la granja, a la mafia o cualquier estupidez de juego que te hace perder tiempo. ¡Utilízalas para organizarte!

No, no me he equivocado. He usado la famosa frase de la biblia (Mateo, 9:16-19) de forma incorrecta a propósito. La primera vez que la oí fue de la mano de un profesor (bastante malo, por cierto) en relación a cómo se veían los estudiosos de los movimientos sociales frente a las revueltas de mayo del 68, con herramientas, teorías, conocimientos viejos para entender (acoger) la nueva forma de actuar del ser humano en sociedad. Ahora es al revés. Resulta que tenemos los valores, las metodologías, las herramientas (tecnologías) adecuadas para hacer un buen producto: una sociedad saludable. Las reglas del juego, en definitiva han cambiado y nos ofrecen un nuevo horizonte lleno de posibilidades interesantes. En este caso los odres son nuevos. Pero el vino es viejo y somos nosotros.

Un artículo interesante:
http://www.ckyosei.org/docs/(e)ParticipacionEnElAmbitoLocal.CaminandoHaciaUnaDemocraciaColaborativa.cat.do