Uber, la nueva Napster

Artículo de la categoría Opinión
ABR
13
2016

Foto de portada: Mark Warner

La aparición de Napster a finales de 1999 supuso un hito en la historia de Internet. La tecnología digital mostraba su cara más transgresora y por si alguien no se había enterado entonces el programa creado por Shawn Fanning dejó claras varias cosas: la tecnología digital venía para quedarse y para cambiarlo todo de arriba a abajo. Napster permitió que la gente hiciera en masa algo que antes hacía a pequeña escala: compartir música. Los amigos nos pasábamos las cassettes para oírlas un tiempo y luego devolverlas. Si nos gustaban mucho con una grabadora de doble platina se podían hacer copias fácilmente. Importante: si bien esto último puede considerarse ilícito (al menos si hay dinero por medio), el hecho de compartir sin crear copias no es ilegal. Igualmente, que la gente se hiciera copias no perjudicaba demasiado a la industria musical. Pero con la llegada de Internet, surgieron nuevos métodos y programas como Napster que permitieron las copias masivas haciendo que esta industria se tambalease y viera peligrar su existencia. Aunque Napster fuera denunciada y perseguida casi desde el principio, y tuviese que cerrar finalmente servidores por orden judicial, la industria de la música tuvo que hacer un cambio radical y aceptar que la gente empezaba a tener otras formas de adquirir y consumir música. Adaptarse o morir.

Y ahora con Uber y otras empresas parecidas la historia se repite: estos servicios llegan para quedarse, para trastocarlo todo, y para hacer cambiar la industria para siempre. La gente siempre compartió vehículo, pero a una escala pequeña. Con éstas empresas y servicios en el mercado, el fenómeno se vuelve tan masivo que la industria que hay detrás se resiente, y las coacciones legales no sirven del todo. Poco a poco, vemos el mismo efecto, y las empresas del transporte y del taxi empiezan a ofrecer servicios más modernos y potentes para que puedan competir de igual a igual.

No obviaremos el doble juego moral que tienen empresas como Napster o Uber. Usan para lucrarse la excusa de la bondad y la legitimidad de que la gente pueda compartir. Pero son el resultado del carácter revolucionario que tiene la tecnología digital. Cara al consumidor favorecen el ahorro y consiguen unos precios tan competitivos que obligan a las empresas de siempre a cambiar su modo de llevar el negocio. Cuando hay una forma ilícita de ganar dinero, la justicia lo tiene claro y protege a las empresas tradicionales. Pero cuando todo se hace sin que haya intercambio de dinero por medio, como empezó a pasar con los sistemas para compartir archivos o como pasará con la actividad de compartir coche, la industria tradicional tendrá que hacer un esfuerzo sublime de modernización o morirá. Y esa modernización pasa por aceptar que a partir de ahora se va a dejar de ganar el dinero que se ganaba antes.