Románico, ¿abierto?

Artículo de la categoría Opinión
AGO
15
2013

Nuevamente vuelvo a hacer estancia en uno de mis sitios preferidos: Taüll, en la Vall de Boí. Me encanta la zona por encontrarme en medio de la Naturaleza, y en concreto el Parque Nacional de Aigüestortes- Lago de Sant Maurici, por su arquitectura y #Arte (el románico), por su historia,… no sé, a veces los sitios te gustan y no hay más. Tengo un especial misticismo con Sant Climent de Taüll, sus famosos frescos, su torre,… me gusta pasear de noche alrededor de sus muros y tocar la piedra mientras reflexiono. El hecho es que me dispongo a entrar en la iglesia con mi hijo de 5 años para enseñársela. La señora de taquilla no me cobra la entrada del niño y el precio total es de 3 euros. Me dice que ya veré cómo está quedando la restauración, como si fuese a presenciar una maravilla. Denoto sin embargo cierto tono de disculpa y de advertencia. Efectivamente, entramos y resulta que el famoso Pantocrátor no está. La pared del ábside central sólo enseña la filtración que la pintura hizo con el paso de los siglos, pero han vuelto a arrancar toda la composición (recordemos que en Taüll y en la zona de la Vall de Boí quedan sobretodo copias de su arte románico, los originales están en el MNAC de Barcelona). Así que le enseño al niño las cuatro cosas que hay allí (y cuando digo cuatro no lo digo en sentido figurado) y subimos a la torre, que es un poco la principal atracción que hay en la zona. Eso sí, la cara del Pantocrátor está cortada y situado a la izquierda, en el suelo. Así que pude contemplarlo de cerca como nunca en la vida podré hacerlo.

A la salida iba a hacerle la broma a la señora de la entrada de que alguien había echado lejía en el ábside. Pero no, sólo le pregunto por la situación y me comenta las maravillas del programa Romànic Obert (Románico Abierto), un convenio de colaboración entre la Generalitat de Catalunya y la Obra Social de la Caixa (CaixaBanc), que va a permitir reconstruir más de lo que se conocía sobre el Pantocrátor, eso sí, mediante #Tecnología de mapping, o sea, por vídeo-proyección. Como en los #Mundos_virtuales, el visitante tendrá la sensación de estar viviendo cómo era la iglesia en su época.

Supongo que todo ello debe causar algún tipo de reacción entre la población e intento hablar después con algunos (pocos) vecinos de Taüll. Y en efecto, la gente está bastante descontenta con el tema. El programa Romànic Obert se está concretando aquí sin que la población de interés se sienta adecuadamente informada, exponiendo sólo los pros (y no los contras) de la intervención y, por supuesto, sin intentar siquiera una aprobación por parte de los ciudadanos, cuanto más una participación en la decisión. Nuevamente, la #Política haciendo de las suyas: como Carlos III, “todo para el pueblo pero sin el pueblo”. Una señora guía turística me explica el enfrentamiento que presenció en unas jornadas que se hicieron para debatir sobre la futura restauración del original entre catedráticos del Arte y responsables técnicos del MNAC. Y es que todo se resume en una dualidad que ya he comentado con anterioridad: centralismo contra descentralización.

Desde el museo (o sea, desde la política) han querido centralizar ésta y otras obras porque siempre es más factible tener las piezas de arte concentradas en un sitio, donde puedan conservarse de una manera mucho más completa y donde se puedan llevar procesos de restauración más profundos. Parece que la copia también estaba empezando a padecer el paso de los años, a pesar de contar con unas pocas décadas de vida. En el momento del redescubrimiento de los frescos (1907), no había leyes en España para proteger el patrimonio artístico, y muchas de esas obras fueron compradas por coleccionistas privados extranjeros. Los gobernantes de la zona no valoraban la importancia del patrimonio que tenían. De hecho, si la zona hubiese sido más rica, con el paso de los siglos estas pinturas hubieran sido eliminadas por otras recreaciones religiosas más modernas (como ha pasado en otros lugares). De ahí la necesidad de su traslado.

Desde la Universidad (y la ciudadanía), las obras deberían poderse visitar, aunque sea en forma de copia, desde su lugar de origen. Pero una vez restaurada la copia, no está asegurado siquiera que se quede en la zona. Al declarar el conseller de Cultura que puede quedarse “quizás en el entorno de Boí” resta muchas posibilidades a que la copia vuelva a Sant Climent. Los trabajos de restauración, que por cierto todavía no se han hecho en el original, se pueden hacer in-situ, y deberían ser suficientes ocho siglos de conservación en la Vall de Boí para que el fresco no requiera cuidados especiales en una ciudad como Barcelona con un clima totalmente diferente. La venta de un patrominio como éste hoy en día no sólo es delito, sino que está protegido por la UNESCO (son Patrimonio de la Humanidad desde 2000) y lo que es más importante, por los ciudadanos de la zona que las tienen en gran estima.

Hasta aquí la exposición de los hechos, espero que imparcial, pero ahora voy a dar mi opinión al respecto:

  1. Primero, al salir de la iglesia te quedas con una sensación de estafa. La iglesia nunca ha dado tanto de sí como para que la entrada cueste ese dinero. Y ojo, yo por Sant Climent doy 3 euros como 3000. Intentaron en su momento reconvertir una iglesia en un museo, pero a medio camino la cosa se quedó en un punto ciego y no quedaron suficientes elementos internos para considerarla una iglesia (unas obras arqueológicas tienen el altar destrozado) ni tiene suficiente sustancia para considerarlo un museo. Ahora mismo ni es iglesia ni es museo. Las únicas atracciones de peso que tiene son subir la torre y el ver el Pantocrátor. Si quitamos este último habría que bajar el precio.
  2. Segundo, ¿substituir un fresco por una proyección? No acabo de ver que sea buena idea. No se trata de rechazar la tecnología porque sí, pero me parece una intervención demasiado compleja cuando los visitantes teníamos bastante con la copia del fresco. De todas formas creo justo dar una oportunidad al proyecto y juzgarlo una vez acabado. Ahora vemos la fealdad y el incomodo de las obras que se olvida cuando todo pasa.
  3. Y tercero, me repito, ¿hacía falta? Porque al pueblo de Taüll primero se le quita el original y ahora también la copia, la única imagen que la mayoría han tenido, la que les vio ser bautizados, la que presidió su comunión y su boda, y la que esperan que esté presente el día de su funeral. Es triste oír cómo muchos piden simplemente una imagen copiada, renunciando a la utopía de que un día los originales vuelvan.

Cuando lo he comentado con anterioridad, he hablado de redes sociales y de sistemas digitales. Pero mi idea es válida también para cuestiones patrimoniales: en mi opinión vivimos una época donde la #Sociedad necesita descentralizar las cosas. En Catalunya hay muchas quejas sobre el centralismo de Madrid, pero ¿y el centralismo de Barcelona: todo tiene que quedar en Barcelona, a costa del resto del territorio? Es bueno descentralizar y apostar por lo local. En el caso de la Vall de Boí, porque es su principal motor económico. He leído que incluso la UNESCO ya expresó su deseo de la devolución (aunque no encuentro el documento institucional). En Taüll saben que la obra pertenece ya desde hace muchos años al museo. Pero, ¿acaso las leyes se hicieron estáticas para estar por encima incluso al sentido común? El pueblo de la Vall de Boí ya no es desconsiderado con su historia y su arte y no van a venderlas al mejor postor. El paternalismo ya no es necesario. Ellos sólo quieren su copia, la que les ha acompañado toda su vida. Yo deseo devolverles el Pantocrátor de sus abuelos.

P.D: En este mi quinto viaje a la zona he redescubierto Santa Maria de Taüll, la actriz secundaria de esta película, pero eso sí, una iglesia iglesia que no ha padecido tanto el peso de la fama, y a la que también me gusta rondar y tocar sus muros por la noche.

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