Philae y el cometa

Artículo de la categoría Opinión
NOV
12
2014

El ser humano ha sido capaz muy pocas veces de enviar una sonda a otros mundos y conseguir datos desde su superficie sin que el aterrizaje resulte letal. Hemos conseguido arribar con éxito a la Luna, Marte y Titán (también hemos llegado a Venus y Júpiter pero la sonda se desintegró antes de tocar suelo). Por eso es especialmente importante el hecho de que ahora lo hayamos hecho en un cometa, el 67P/Churyumov-Gerasimenko, mediante la sonda Rosetta y el módulo de aterrizaje Philae. Y no ha sido la NASA sino la Agencia Espacial Europea (ESA).

La importancia de la misión Rosetta radica en la posibilidad de ofrecer pruebas a la teoría de que la vida en nuestro planeta proviene de fuera gracias a estos pequeños cuerpos que viajan a través del espacio. Y parece ser que al menos este cometa sí que posee moléculas orgánicas. Los elementos básicos para crear la vida tienen un origen astronómico muy dispar, de modo que los cometas y los meteoritos podrían haber ayudado a juntarlos a través de sus colisiones y traerlos a planetas adecuados como la Tierra. Además los científicos se empiezan a interesar por ellos dado que algunos podrían contener altos índices de minerales escasos en nuestro planeta. Efectivamente, de momento es sólo ciencia ficción, pero en un futuro las minas no se encontrarían bajo tierra sino en el espacio. En muchas novelas del género se situa el agua como combustible. Por tanto, estos enormos pedruscos errantes, dentro de muchos siglos, también podrían ser usados a modo de oasis o incluso gasolineras en el espacio. Todo esto no lo veremos, pero parece que al menos estamos siendo testigos de la primera piedra de la construcción de una gran catedral. ¿Cómo será la vida del ser humano entonces? ¿A qué retos físicos y psicológicos se enfrentará cuando viaje a través de la inmensidad del espacio?