Manzana podrida

Artículo de la categoría Opinión
MAR
11
2017

Me animo a hacer este artículo por lo sucedido con Paco Sanz, que conocí en su momento a través del canal de AuronPlay. Este caso se une a otros recientes como el caso Nadia Nerea. El mecanismo es siempre el mismo: se piden fondos para tratar una enfermedad grave, rara, de muy difícil curación, que al final resulta no ser tan grave (o directamente no hay tal enfermedad) y los fondos recaudados son usados para fines de lucro personal. Un fraude. Yo mismo he caído a veces en estos fraudes. Recuerdo una vez que di dinero en la calle para una supuesta organización de sordomudos. Y es que las personas tenemos necesidad de ser generosos, pero no nos dejan. También hay otros ejemplos de fraude sin enfermedades de por medio. Existe un tipo de turismo, el solidario, donde, entre otras actividades, se visitan orfanatos con el fin de sensibilizar a los turistas. A la vuelta de su viaje estos turistas explican la experiencia de tal manera que se produce un efecto amplificador, muy potente, porque está basado en la confianza ya que se trata de una experiencia de primera mano. Se consiguen así muchas entradas de dinero cuando en realidad, (en algunos casos pero no siempre, por fortuna), estos niños sí tienen padres o peor, se trata de niños comprados o directamente robados.

El egoísmo, el individualismo, la indiferencia hacia el mal ajeno, son cualidades muy humanas. Pero también, la compasión, la bondad, la empatía o la misericordia. Todas ellas han acompañado a las personas en su evolución y sin alguna de ellas no seríamos lo que ahora somos. Indudablemente, el mundo no está bien, y todo iría mejor si las cualidades positivas fuesen mayoritarias. Pero no lo son. Y no lo son porque hay algo que nos irrita enormemente y es la sensación de que te han tomado el pelo, de que se han aprovechado de ti. Cuando sucede algo así se activa en nosotros la alarma de la vulnerabilidad: alguien ha entrado en nuestro sistema de bondad para hacer daño. Y por poco que sea ese daño es suficiente para que lleguemos a la conclusión de que tenemos que hacer algo. La solución es fácil y rápida: volverse más receloso, menos generoso, ver los problemas de los demás con más distancia y por lo tanto, permitir el gobierno tiránico del egoísmo.

Es lógico y normal. Pero qué injusta se vuelve la vida cuando por culpa de unos pocos la mayoría abandonamos nuestros buenos valores, los que también nos han permitido sobrevivir en la evolución, y nos cerramos bastante o del todo a ofrecer nuestra mano amiga a quien más lo necesita. En un cesto de manzanas, basta con que una esté podrida para que poco a poco se vayan estropeando las demás, por más sanas que estuvieran. Hay muchos ejemplos en el mundo donde hace falta la ayuda urgente de todos nosotros. Ojala aprendamos la manera de seguir siendo solidarios a pesar de que de vez en cuando nos aparezca alguna manzana podrida.