¿Libre y gratuito?

Artículo de la categoría Opinión
FEB
10
2012

Desde que asistí a las jornadas del Foro de Cultura Libre he reflexionado mucho sobre las cuestiones económicas que rodean a la cultura libre. El problema de la era digital es que el producto final creado es fácilmente replicable, por lo tanto se resta valor a su posesión (no hacen falta grandes servicios ni grandes infraestructuras para su copia). Existen diferentes modelos de negocio que hacen sostenible una industria cultural basada en principios de apertura y abundancia, y no en la exclusividad del modelo clásico. De las posibilidades que hay la que más me gusta es la del micro-mecenazgo o crowdfunding: entendido como el producto o servicio que se nutre y se hace viable económicamente a partir de pequeñas contribuciones, generalmente de personas o instituciones que creen ya de antemano en el proyecto. El lema sería:

Si 1 persona no te puede dar 1.000 euros,
quizá 1.000 personas te pueden dar 1 euro.

Las versiones de crowdfunding que aceptan la posibilidad de adquirir ciertos privilegios según tu contribución (acciones y derechos especiales en la explotación posterior) me parecen modelos intermedios o directamente retrocesos hacia el modelo económico anterior.

Para muchas personas, la cultura debe ser libre y gratuita. Para otros, como yo, el segundo adjetivo no está tan claro: ¿de qué vivirían los creadores, entonces? Una opción es que sean empleados públicos, pero ya tenemos bastantes problemas con el solo hecho de que muchas películas estén parcialmente subvencionadas. Y ante las reivindicaciones de cambiar totalmente de sistema socio-económico siempre veo el problema de que nadie plantea “un plan B” al sistema actual (tampoco se me ocurre a mí). Por tanto, la gente tiene que financiarse de alguna forma para (sobre)vivir.

Creo que el problema se soluciona si distinguimos entre el producto final consumible y el servicio (o sea trabajo, esfuerzo, pericia) que se necesita para hacerlo posible. Si conseguimos financiación para que una persona haga una obra (canción, libro, película, vídeo-juego, …), el producto final puede ser perfectamente gratuito: ya has cobrado por tu trabajo, ¿qué más quieres? Y por supuesto hay que diferenciar entre contenido y contenedor: un libro tiene una historia explicada (contenido) en un soporte de papel (contenedor). La era digital resta valor a los manufacturadores de papel, vinilo … ¡incluso a los fabricantes de CD-DVDs! ¿Se pierden muchas profesiones y por tanto puestos de trabajo? Sí, pero como ha pasado toda la vida, por una simple cuestión de evolución. También se crean otros puestos nuevos. Los conceptos de inversión y de exclusividad son cuestiones del pasado, al menos con los consumibles digitales o digitalizables. No busques financiación en pocas manos (bancos, por ejemplo) para ver si tus clientes después te quieren responder. La #Economía debe ser a priori (de hecho ya lo es en muchos aspectos). Tu financiación debe venir directamente de tu clientela.

Por lo tanto, a modo de conclusión: productos (culturales) libres y gratuitos, pero servicios retribuidos.