De los cinturones cósmicos

Artículo de la categoría Opinión
OCT
5
2011

Últimamente me sorprendo a mí mismo buscando información sobre #Ciencia y cosmos. Tengo el ordenador delante, estoy un poco cansando del trabajo que estoy desarrollando y empiezo a buscar datos métricos de un planeta o de otro, distancias, tamaños de las estrellas, … Una parte de mi fascinación es darme cuenta de lo poco que llegamos a ser en comparación con nuestro Universo. Son cosas que reconozco me dan miedo. Este video puede ser una buena cura de humildad cuando alguien considere la grandeza del ser humano:

La otra noche investigué sobre los diferentes cinturones de cuerpos “pequeños” que hay en nuestro Sistema Solar. Sólo conocía el cinturón de asteroides que hay entre Marte y Júpiter (dentro del cual encontramos el mini-planeta Ceres), y en el que vive Plutón, el cinturón de Kuiper (a más de 30 unidades astronómicas o Ua), hogar también de la mayoría de cometas de corto período. Precisamente, el hecho de que el planeta no hubiera limpiado su alrededor de materia estelar (los planetas tienden a expulsar fuera de su órbita otros cuerpos pequeños a excepción de los satélites), lo relegó a la categoría de planeta enano en el año 2006. Pero resulta que después está el disco disperso, que en su parte interna se solapa con el de Kuiper, y finalmente la hipotética nube de Oort que ya se encuentra a más de un año luz del Sol (varios miles de Ua). Se trata de campos esféricos (y ya no planos) de objetos cósmicos poblados de unos pocos planetas enanos como Eris o Sedna y sobre todo de cometas, los que conocemos como de largo período. A partir de aquí el Sol ya deja de tener influencia, la frialdad es máxima (cerca del cero absoluto de -274 º C) y todo queda en una oscuridad casi total.

¿Cómo se formaron estos cinturones? Mucha gente cree que el cinturón de asteroides se trata de un planeta que estalló. Recuerdo uno de los mejores cómics que nunca he leído “Superlópez y la caja de Pandora” de Jan, que habla de la mitología griega, egipcia y maya y que sitúa a los dioses como los supervivientes de aquel planeta.

Pues todo lo contrario. La comunidad astronómica considera que más bien es un planeta que no se pudo formar. ¿Por qué? La culpa la tiene la fuerza gravitatòria del gigante del Sistema Solar, Júpiter, que se formó “demasiado” cerca. La misma teoría es planteada para el cinturón de Kuiper, aunque las sondas enviadas (las Pioneer y las Voyager) no lo corraboraron. ¿Cómo podría existir un planeta muy grande que no fuera detectado? Por la lejanía, porque la luz del Sol casi no llega y la oscuridad es prácticamente total. Sería el buscado planeta X, que encima siempre ha tenido connotaciones apocalípticas, porque en su periplo en la quinta castaña irrumpiría en la casa de los cometas y los enviaría como balas hacia diferentes lugares del Sistema, incluido el interior, donde está nuestro querido planeta azul. También podría tratarse de un pequeño agujero negro o incluso, como prevé la hipótesis Némesis, una estrella pequeña que formaría un sistema binario con el astro rey, pero eso sí, con la misma misión destructora. ¡Pues ojalá que sólo sea una hipótesis! Quizá la sonda espacial New Horitzons, enviada para estudiar Plutón y su cinturón (se estima que llegará hacia el 2015) nos traerá un poco más de luz para una zona tan oscura.

Normalmente se separan las cuestiones macroscópicas, de las “mesoscópicas” (no sería exactamente la palabra que busco…) de las microscópicas. Pero yo creo que al final son diferentes escalas de zoom de una misma realidad: vemos el Universo de más lejos o más cerca. Las cosas grandes evitan que las pequeñas crezcan, por ejemplo, donde vivo, la ciudad de Barcelona. A pesar de las grandes poblaciones que hay alrededor (L’Hospitalet, Santa Coloma o Badalona) nunca podrán crecer mucho más y hacerse planeta ante un monstruo urbano de casi 2 millones de habitantes. Las grandes corporaciones se comen a las pequeñas o las envían fuera de la órbita de los mercados. Una persona con pocos escrúpulos y mucha ambición puede eclipsar a otras mucho más válidas que se muestran estructuralmente más débiles en un ambiente de trabajo, por ejemplo. Las fluctuaciones de los mercados occidentales en términos financieros pueden bombardear con meteoritos exterminadores otros países del tercer mundo y destruirlos en términos de economía y sociedad.

Los ricos y poderosos son pocos, pero determinan la existencia de la gran mayoría pobre, como hace Júpiter con los objetos del cinturón de asteroides. Su supervivencia, posición de control y dominio depende de la desunión de los mismos. ¿Pero que pasaría si los pequeños y pobres consiguieran unirse?