De la frivolidad

Artículo de la categoría Opinión
DIC
21
2016

Cerramos un año donde cada vez se confirma más, en mi opinión, que vivimos en una sociedad frívola. No sabría decir cuando empezamos a ser frívolos, pero desde valorar una revolución social como la primavera árabe desde la soledad de las pirámides de Egipto, a hacerse fotos en lugares altamente peligrosos, o fingir secuestros o agresiones, hemos dejado de ser personas conscientes del mundo en el que vivimos para ser consumidores de otra realidad donde todo es válido para tener atención, visitas, likes.

El fenómeno de las redes sociales ya era potente sin que la gente viera claro las posibilidades económicas que escondía. A la gente, a menudo, nos interesa más que todo el mundo hable de nosotros que el dinero. La atención de los demás es una golosina que genera una adicción muy grande. ¿Puede ser el reflejo de que en realidad estamos más solos que nunca? La manera en que nos relacionamos últimamente, aunque pueda parecer lo contrario, ¿hace que los vínculos entre personas sea muy pobre y que la gente necesite más que nunca que alguien le haga caso?

Y la reacción que vivimos ante este proceso de individualización extremo y de des-socialización es la frivolidad: cualquier cosa puede ser más interesante y nos genera más importancia que otras más vitales. Yo mismo me cuestiono mi ética cuando salto rápidamente de una noticia trágica a otra porque me resulta más graciosa, más morbosa o más lúdica. Aunque es cierto que muy a menudo nos llegan “fakes”, o sea noticias falsas que buscan simplemente visitas, ¿no nos haría más humanos que le dedicáramos al menos el mismo tiempo y esfuerzo a cosas realmente fundamentales y no sólo a entretenernos?

Bajo mi punto de vista, la norma de “todo vale” hace que haya gente que directamente se juegue la vida. ¿Por qué? ¿Por fama, por dinero, por atención, por aburrimiento? La tecnología en parte tiene la culpa. Su misión principal es ahorrarnos trabajo y proporcionarnos comodidad. Y entonces, ¿qué hacemos con nuestro tiempo libre, trabajar en otras cosas o ser frívolos? No es que me parezca mal que cada vez sea más interesante ser youtuber, por ejemplo, y pasarte el día jugando a videojuegos porque resulta que esto te genera una atención de millones de personas. Pero la atención de una persona es reducida y si le dedicamos tiempo a estas cosas entonces no le dedica tiempo a otras.

Y cuando las noticias reales no llaman suficientemente la atención, nos inventamos la realidad. Quizás me equivoque pero el caso reciente del “cara anchoa” me parece todo un montaje. Aunque es incuestionable que como mínimo está generando atención, visitas y por tanto, dinero. Ahora bien, según los casos no sé que me da más miedo, si la inventiva de la gente o que al final todo sea realidad: hablo de las bromas extremas del youtuber ReSet (¡que creo que es vecino mío!) que dio falsas galletas a un vagabundo. Nos creemos con autoridad de hacer bromas, por peor gusto que tengan, simplemente porque quizás a alguien le hará gracia. No nos paramos a pensar sobre la situación personal que vive la víctima de la broma. En este caso concreto del vagabundo, ¿tanto valor tiene la atención de los demás que está por encima de la salud de una persona? ¿O es que la persona, por ser vagadunda, tiene menos consideración? Hay gente que va más allá y casi juega a la ruleta rusa. No sé cómo explicarlo y no caer yo también en la frivolidad, así que he decidido sólo poner la foto (sí, sí, intenta comerse una mazorca de maíz con un taladro en marcha!):

Y lo que resulta más increíble no es que esto sólo sea otro youtuber que acepta el reto, es que incluso se pueden encontrar recopilatorios de cómo este reto ha salido mal.

Otro tema, por último, más complejo y no tan cuestionado es el proceso de gamificación que vivimos en muchos aspectos de nuestra sociedad y de una manera especial en la educación y la empresa. La gamificación conlleva un cambio de estrategia en cómo gestionamos grupos humanos para determinadas tareas (fabricación, aprendizaje, ventas…) para potenciar su producción a través de mecanismos de jugabilidad. Se trata simplemente de una manera más desarrollada de reforzar conductas. No veo mal la gamificación, de hecho yo mismo hago juegos. Creo, además, que da resultados evidentes. No es una moda y ya está, porque las modas vienen y van y la gamificación no marcha. Pero el hecho de que todo acabe convirtiéndose en una especie de juego, que acabemos jugando al juego de la vida, no me gusta, no me convence. ¿Seguro que sabremos jugar con seriedad, sin frivolidad?