De la belleza

Artículo de la categoría Opinión
OCT
12
2016

Tengo una amiga que tiene la salud muy tocada. Aunque puede hacer una vida bastante normalizada lo cierto es que cada dos por tres sufre dolores, tanto de cabeza como de extremidades, se le hincha el estómago… Y eso hace que haya días que casi no se puede levantar de la cama. Llevar así un hogar con hijos se le hace una tarea muy difícil. Trabajó muchos años, pero esta circunstancia física la invalida para mantener un puesto de trabajo en condiciones y a día de hoy está sin empleo y con una especie de baja permanente. Pero cuando mira de que le sea reconocida una invalidez para poder aliviar algo la economía de su casa no se la conceden. ¿Por qué? Mi conclusión puede parecer un poco estrambótica, pero espero demostrar que así es. A mi amiga no le conceden una invalidez por qué es guapa.

Desde siempre la belleza se ha asociado con la bondad: los ángeles son bellos, los demonios feos; las hadas son hermosas, las brujas horrendas; los héroes son atractivos, los villanos decrépitos. En la época de las grandes guerras el enemigo era perverso, maléfico, y estaba dotado, por tanto, de una gran fealdad. Y ¿cuántas veces nos hemos decepcionado con alguien que hemos considerado buena persona y luego no lo era? Esta chica es guapa, pero es mala. Y al revés, nos hemos llevado una sorpresa: este chico es feo, pero es muy simpático. ¿Acaso no se puede ser las dos cosas a la vez? ¿Acaso ser guapo te convierte en bueno y ser feo te convierte en malo? Pues parece que psicológicamente, al menos de entrada, así es.

Por otro lado, la belleza también es un sinónimo mental de salud. Cuando estamos sanos tenemos buen aspecto. Cuando estamos enfermos desmejoramos físicamente, estamos más feos. Antaño cuando la comida no era tan abundante como hoy en día, estar gordo era señal de que comías. Y por eso hoy en día cuando describimos a una persona obesa o a un niño rollizo seguimos diciendo, aunque sea un poco en tono de humor, que esa persona está “hermosa”.

Mi amiga cuando va al tribunal médico se arregla, se pinta y va bien peinada. Error. Es guapa y arreglándose se vuelve más guapa todavía y entonces da la falsa imagen de salud. Al revés pasa cuando vas a una entrevista de trabajo: debes dar la mejor versión de ti mismo, debes ir bien arreglado, sonriente y perfumado. En general, es más fácil que acaben contratando a un guapo que a un feo. Esto se vuelve más extremo en profesiones donde el aspecto físico es muy importante: los comerciales guapos venden más, en hostelería la belleza te da más propinas. Así que mi amiga, sin ser muy descarada, debería ir menos arreglada, sin pintar y peinada poco menos que como recién levantada. Y un añadido final para acabar de rematar el asunto. El sexo. La falta de sexo te vuelve más agrio, con menos alegría. El sexo revitaliza, te carga de energía por dentro y eso se ve por fuera. Te hace parecer más saludable, con mejor humor, por tanto nuevamente más sexy, más bello. Sería muy importante practicar la abstinencia unos días, mal que le pese a ella y a su marido, para llegar al tribunal además de la enfermedad y la falta de arreglo, un tanto amargada y descolorida.

Así la celebración por la aceptación de la invalidez será mucho más memorable. Y es que, no se puede ser guapo en esta vida… ni feo.