Conflicto de verdades

Artículo de la categoría Opinión
SEP
24
2017

Difícil solución la de la cuestión catalana. Por un lado, el Govern de Catalunya, legitimado por unas elecciones que dieron la mayoría absoluta en el Parlament a la propuesta independentista, pone en marcha un conjunto de actuaciones encaminada hacia un referéndum que, en el caso de conseguir el Sí mayoritario de los catalanes llevaría a la Comunidad Autónoma hacia una República independiente. Dicho de otra manera, hacen lo que prometió que haría y por lo que el electorado catalán les votó. Por otro, el Gobierno de España que, tal y como reza la Constitución del 78 en su artículo 2, tiene el deber de mantener la “indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles”. Muy discutible es el cómo a partir de aquí cada lado ha ido desarrollando su colección de formas y acciones. Son cuestiones jurídicas complejas que se me escapan de las manos y por desconocimiento no puedo entrar en ellas de la manera que me gustaría. Pero en lo referente a los motivos iniciales que llevaron a ambas fuerzas a la situación actual lo tengo muy claro: los dos gobiernos tienen razón.

Se ha intentado dar lecciones de lo que en sí es la Democracia. “La Democracia no es votar, es respetar la ley, es respetar la Constitución y la Constitución no permite los referéndums secesionistas”. Y atendiendo al artículo 2 de nuestra Carta Magna el Tribunal Constitucional ha considerado la propuesta del 1 de octubre contraria a la Constitución, quedando nulas las leyes que convocan a consulta a los catalanes y catalanas. Pero nos hemos descuidado que antes de los artículos tenemos un preámbulo que establece los objetivos de nuestra Constitución. Su punto tres dice textualmente “Consolidar un Estado de Derecho que asegure el imperio de la ley como expresión de la voluntad popular“. Democracia significa que la soberanía recae en el pueblo, y no en una sola persona o pequeño grupo de personas. Por tanto, no es que votar sea democrático, es que la Democracia es votar. Pero entonces, independientemente que quien tiene que votar, si Catalunya o todo el Estado Español, ¿a qué ley hay que obedecer?

Decía Ortega y Gasset que “el problema catalán es un problema que no se puede resolver, que sólo se puede conllevar”. En lenguaje de programación, la eterna cuestión catalana es un problema no resuelto de una aplicación llamada España que evolucionó hacia una versión estable con la Transición pero que al introducirle ciertas variables como “mayoría absoluta independentista” en el bloque de código “Autonomías” muestra un error de sistema por bucle infinito. Sí, Catalunya pone en entredicho la perfección que se le supone a nuestra Carta Magna. Mi conclusión es clara: por esta cuestión y otras, considero la Constitución una buena idea que garantiza el estado de derecho que nos permite vivir con justicia y libertad pero que después de casi 40 años necesita algunos arreglos para mejorarla y adaptarla al siglo XXI.