Bancos del tiempo

Artículo de la categoría Opinión
FEB
27
2015

El pasado martes presentamos en sociedad el Banc del Temps de Gornal-L’H. Se trata del proyecto comunitario más ambicioso en el que estoy inmerso desde que trabajo en el barrio. Desde hace unos años que estoy interesado en el tema pero hasta ahora no lo hemos podido materializar. El grupo motor (un equipo formado por técnicas comunitarias del Ayuntamiento y vecinos y vecinas) empezó a trabajar hace un año y mi incorporación lamentablemente todavía no puede ser completa (espero para septiembre poder añadirme al grupo de forma total).

Para los que no sepan de que va, se trata de un proyecto sencillo: animamos a la gente a ofrecer servicios y a recibirlos sin usar más dinero que una hora de su tiempo. La persona A necesita algo y lo pide a la comunidad. La persona B ofrece sus servicios, ya sea porque sabe hacer algo o porque dispone de ciertos medios. Entonces A le pide ayuda a B. A cambio le pagará con un crédito (una hora). De esta manera B podrá entonces pedirle a A o a otra persona otra cosa que necesite. A deberá también buscar créditos en otra gente, pero esta vez para ofrecer y no para recibir. Por supuesto hay limitaciones. Se pone muchas veces el ejemplo del pintor. No se pretende sustituir al profesional de la pintura: puedes pedir que alguien te ayude a pintar una habitación pero no todo el piso. Todo se gestiona a través de un banco, el Banco del Tiempo, que normalmente se dirige desde una secretaria que puede estar o no agrupada dentro de un ente jurídico como una asociación. Hay casos tanto de organizaciones públicas (colegios) como de empresas privadas.

Las personas podemos ser pobres en dinero pero ricas en tiempo (de hecho cuánto más tienes de lo uno menos tienes de lo otro). Creo que un banco del tiempo puede ser una buena forma de mejorar el tejido vecinal de un territorio. Y quizás algo más.

Siempre que he oído hablar del tema me han hecho la aclaración de que un banco del tiempo no debe ser tomado como una forma revolucionaria de nueva economía o de relación laboral entre las personas. A la escala en que se mueven estas iniciativas (pocas personas haciendo pocas transacciones), realmente resulta ridícula la insinuación como modelo alternativo. Pero poco a poco empiezan a crecer, se están digitalizando, y quien sabe qué impacto en la sociedad tendrán en el futuro. Lo que está claro es que esta forma de intercambio económico no interesa para nada a las grandes corporaciones empresariales y financieras. Destrozan de un plumazo los principio fundamentales de la economía actual: el capital deja de tener un valor propio, material y variable, y pasa a ser algo subjetivo que no tiene un valor unificado y que forma parte de la propia persona, o sea, no es cuantificable ni es necesario guardar en caja fuerte alguna. El dinero, la hora, solo sirve para facilitar los intercambios más allá del trato entre dos personas, no mide el valor de los servicios prestados porque la relación es siempre 1:1, no tiene sentido acumularlo, y no es objeto de poder. Y desde la política tampoco interesa, porque al final es dejar en evidencia que las administraciones centralizadas no son necesarias cuando la gente se sabe autogestionar.

Es por todo esto que creo importante seguir de cerca estos movimientos, porque quizás sólo vivan hasta el fin de la crisis económica, o quizás sean los primeros compasen de una nueva simfonía para nuestra sociedad.