El bien preciado de la atención

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Fuente: mangasmartin

Si teníamos urgencia por contactar con alguien y no coincidíamos físicamente, usábamos el teléfono como vía tecnológica de comunicación primordial. Una vez dispusimos de una cuenta de correo electrónico era fácil captar nuestra atención. La novedad hacía que le diésemos mucha importancia a ese medio y enseguida mirábamos de responder. Con lo cual, la mayoría de personas que querían captar nuestra atención empezaron a enviarnos mensajes electrónico en lugar de cartas y las llamadas de teléfono también se fueron reduciendo de una manera importante. Pero con el tiempo, el correo electrónico se volvió un agujero negro donde fácilmente se podían perder mensajes.

Fue más interesante la mensajería instantania. Si encontrabas a alguien en línea y tenías algo urgente que comentarle, se lo escribías por alguna aplicación tipo "messenger" y te respondía al momento. El correo electrónico quedó desterrado para las cosas no urgentes.

Pero claro, necesitabas estar ante un ordenador encendido y conectado, y eso, con la llegada de la telefonía móvil se vio superado. Ahora podías enviar a alguien un SMS que le llegaba estuviera donde estuviera. Como fue buena idea todo el mundo busco tu atención a través de SMSs y su envío se volvió nuevamente menos efectivo.

Y llegó Whatsapp y la mensajería rápida con notificaciones. Todos parecíamos pistoleros del Oeste desenfundado nuestro móvil con rapidez y entusiasmo para ver qué cosas nuevas nos decían nuestros amigos y contestar a la velocidad de la luz. El resto de nuestros amigos vinieron después con sus miles de mensajes y sus invitaciones a grupos. La falta de novedad y el exceso de mensajes hizo que ya no fuera "tan necesario" contestar al momento. Y ahora nuestra atención vuelve a dar de lado a la tecnología. Cuando la cosa es muy muy importante y urgente, lo mejor sigue siendo llamar por teléfono, como entonces.

En mi trabajo tengo que informar a mucha gente de los cursos y talleres que voy haciendo o de actividades extraordinarias como excursiones o charlas. Muchos se pasan por el centro para informarse, otros llaman por teléfono y más de los que me pudiera imaginar inicialmente, se informan y se comunican conmigo a través del correo electrónico o las redes sociales. Pero no acaba de ser todo lo efectivo que quisiera, y he estado haciendo pruebas con Telegram.

No me interesa la parte en la que se parece a Whatsapp. Aunque la mayoría de mis alumnos lo tienen no me parece viable tener tantos contactos en mi móvil y además está ese hecho: es mi móvil personal. Telegram me ofrece la posibilidad de enviar mensajes como canal de información sin necesidad de tener a la gente en contactos. De hecho me permite que gente que no conozco previamente sepa de mis servicios para que en un futuro acabe siendo un usuario más.

Se trata simplemente de explotar la tecnología de las notificaciones, o sea, de hacer llegar información a la gente sin que tenga que hacer nada para recibirla (en informática hablaríamos de métodos de comunicación push). Mi intención es captar la atención, pero mi preocupación es volver a seguir el esquema que llevamos siguiendo tanto tiempo: al principio será efectivo por la novedad, pero luego dejará de serlo. De hecho debo reconocer que seguramente ya vaya tarde pues mis alumnos tienen en sus móviles infinidad de iconos en su barra superior indicando notificaciones de diferentes aplicaciones.

Parece que a pesar de los años no hemos sido capaces de superar el problema de la masificación de la información y captar la atención sigue siendo todo un reto. De momento me conformo y apostaré por Telegram, hasta que deje de ser efectivo y tenga que buscar la herramienta de comunicación siguiente. ¿Por cierto, cuál será?